jueves, 16 de febrero de 2012

Yo no digo nada trascendente, sólo digo que dos y dos son cuatro, nada más. Lo que pasa es que desgraciadamente estamos viviendo en un mundo en que hay una cantidad de personas que quieren convencernos que dos y dos son cinco, o dos y dos son tres. Por lo tanto nos quieren cambiar la realidad o darnos una imagen de esa realidad que no es real.
Estamos usando la razón más para destruir que para construir, más para atentar contra la vida que para defenderla. En este sentido, la pérdida de la visión es de alguna forma la pérdida de la razón que construye. Si toda una sociedad se vuelve ciega en ese sentido, si olvida la solidaridad, el deber, el respeto, se convierte en una especie de nido de serpientes. De ocurrir esto, la ceguera metafórica impera. Yo creo que la gente se está volviendo ciega porque no se da cuenta de que nuestra forma de vivir es totalmente errónea y nos lleva al desastre. Yo no creo que soy catastrofista pero no doy nada por el mundo dentro de cincuenta años.
La globalización nos está dejando en una situación crítica, que se puede describir en pocos números: en este momento, el 10 por ciento de la población mundial produce y consume el 70 por ciento de los bienes y servicios. Eso significa que al 90 por ciento restante nos queda el 30 por ciento de los bienes y servicios. Otros números tal vez más directos son que la mitad de la población mundial, es decir, 3 mil millones de personas, viven con dos dólares diarios. En este momento la cosa más desechable es el ser humano. La prioridad absoluta, de todas las prioridades, debe ser el ser humano, pero no lo es. Los seres humanos hoy son las herramientas que sirven en el desfile y, bueno, a la calle. Esto ocurre en todos los países del mundo. Hay una criminal distribución de la riqueza.
Los males que actualmente estamos sufriendo son independientes de las ideologías. Hay una crisis, una suerte de olvido de la conciencia moral, que ha contaminado todo. No importa dónde mires, las mafias y la corrupción están allí, como una enfermedad que, espero, aunque sin demasiada esperanza, que no sea incurable. A mí me sorprende que en algunos países, adonde la economía parece floreciente, haya cada vez más pobres. Dicen que mejora la macroeconomia, pero a mí la que me interesa es la economía que tiene que ver con las personas como tú y yo, que necesitamos comprar alimentos, remedios para nuestros hijos, y mandarlos a la escuela. Y eso no mejora.
Podemos llegar a decir que lo estamos haciendo para el bien de los demás, pero yo creo que hay mucha más seguridad en lo que se está haciendo si se hace con la participación de esos para quienes supuestamente estamos haciendo las cosas.
Hay que utilizar la cabeza para pensar, hay que respetar y valorar el legado cultural que recibimos, hay que leer para pertrecharse de instrumentos que nos permitan combatir el destino que otros nos forjan. Es necesario leer y escribir para entender el mundo y para entendernos mejor a nosotros mismos. Leer es bueno para la salud. De leer y de intentar comprender nadie se ha enfermado, diga lo que diga Cervantes.
No pensar, no reaccionar, no criticar. Eso parece ser la máxima de nuestros días, en los que domina la pereza intelectual.
Cuántas veces sucede que no prestamos atención suficiente no sólo al tiempo que pasa, sino a las personas que éste nos va trayendo y después llevando, dejándonos, frecuentemente, el sabor amargo de las ocasiones perdidas.
Si durante siglos el patrimonio había sido acaparado por un grupo, establecer la democracia suponía nacionalizar ese patrimonio: que la nación participara de ese patrimonio. Ahora establecer la democracia significa lo contrario. ¿Qué es lo primero que hacen los (nuevos) gobiernos demócratas en los países del Este y Latinoamérica al llegar al poder? Privatizar lo que era nacional; es decir, transferir el patrimonio nacional al capital privado internacional, a las grandes empresas; arrebatar al conjunto nacional lo que es patrimonio colectivo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Esta es una señal de alarma, una campana que está sonando, que nos pide a todos nosotros que hagamos algo para asegurar que cada vida humana tenga valor. El mundo se dirige hacia un tremendo conflicto, a no ser que mejoren las condiciones de vida de las personas que viven en la pobreza. Los suburbios alrededor de París, Lisboa, Madrid y todas las grandes ciudades están llenos de gente que se siente excluida y marginada.
La sociedad está corrompida. Se ha perdido el sentido ético. Los intentos del socialismo se pervirtieron, pero el capitalismo es por naturaleza perverso. El capitalismo está produciendo pobres. Cada cuatro segundos se muere una persona de hambre mientras mandamos sondas a buscar agua a Marte. Y al mismo tiempo vemos lo que hacemos con el agua aquí, solo ay que ver como tenemos nuestros rios.Vivimos en un mundo que es un desastre.
El ser humano es la cosa más descartable que existe hoy. Se descartan personas que ya no se necesitan, se descartan trabajadores, culturas, pueblos, lo que no cuente con una utilidad para que el carro triunfal de una economía globalizada siga su camino. Esta es una sociedad que halaga a los jóvenes y adolescentes, los cautiva, los aprecia, pero en el fondo los convierte en instrumentos del consumismo.
Tal vez, el peor mal no esté en los comportamienos que se exhiben, tal vez esté, sí, en las palabras, en las palabras que falsean, en las que mienten, en las que engañan. Esas palabras que nos impiden ver el otro lado de las cosas, y también el otro lado de las palabras.